Crónica30.03.19

¿Influencer se nace o se hace?

No tengo muy claro si lo de ser influencer se nace o se hace. Y lo digo con total sinceridad. Está claro que alguien que quiera ser influencer llegará a serlo si se lo trabaja un poco, no hay que tener demasiadas luces, cuestión de trabajártelo un poco. Pero también tengo claro que para “serlo” hay que estar hecho de una madera especial, o tener unos huevos más grandes que el caballo de Espartero   (con perdón).

El fenómeno influencer es algo que ha existido desde hace años, de hecho, me atrevería a decir que desde que existe cualquier tipo de sociedad. No es algo que haya surgido con las redes sociales. Personas que han influido, de una forma u otra, en nuestras vidas, siempre las ha habido. Desde nuestros padres, jefes, familias políticas, es decir, suegras/os, etc. Pero lo que está claro es que el concepto, la percepción sobre ese tipo de personas, que pueden llegar a influir en nuestro comportamiento o en nuestros hábitos (de consumo o de lo que sean), ese concepto ha cambiado en los últimos años.

Personas que han influido, de una forma u otra, en nuestras vidas, siempre las ha habido

Hace años salías del cine de ver cualquier película y, si eras un motivado como yo, querías ser como el/la protagonista. He salido de ver Rocky Balboa contra Iván Drago y me he pasado las siguientes dos semanas con el “Eye of the tiger” a tope y entrenando como él, gritando aquello de “¡No hay dolor!”, y joder si lo había.  Me apunté a karate con Ralph Macchio, sin pañuelo en la cabeza, eso sí.  ¿Cuántos de vosotros no se compró la “chupa” de cuero de Tom Cruise en Top Gun y la llevaba puesta hasta en pleno mes de agosto, ¿eh? Está claro que era otro tipo de rol social o de percepción o de influencia la que se ejercía sobre nosotros.

Hoy en día, alguien que por el simple hecho de tener nosecuantos cientos de miles de followers en sus perfil de Instagram, de los cuales una gran cantidad pueden ser perfiles falsos, se cree con el derecho de permitirse ciertas licencias. Ya no me refiero a influir en la vida de muchas personas, que eso también. Me refiero, cuando hablo de licencias, a permitirse la casi exigencia de autoinvitarse a comer/cenar/dormir en restaurantes, hoteles, etc., amenazando a los propietarios con que si no lo hacen pueden hablar mal de su negocio. Me parece muy despreciable que alguien se sienta con el derecho de hacer algo así, y que no se pague por el trabajo de otra persona. Los que aceptan me parece que valoran muy poco su trabajo y el de sus equipos.

Si me voy al terreno de las marcas es incluso peor. La escasa exigencia de muchas marcas (muchas son muchas) de dejar sus productos, y sus propias marcas, en manos de influencers los cuáles el único atractivo que tienen para ellas es el número de followers, repito, en muchos casos un gran número de ellos falsos.

Una marca ha de tener claros cuáles son su valores, qué es y qué transmite. Una marca ha de tener claro cuál es el target al que se quiere dirigir. Y sobre todo, una marca ha de tener una estrategia de comunicación basada en unos objetivos. Todo esto parece de 1º de la ESO, ¿verdad? Pues en muchos casos, repito, muchos son muchos, no es así.

Por favor, un llamamiento a los Directores de Marketing y Comunicación de las marcas, de la que sea. Antes de colaborar, contratar o trabajar con cualquier influencer, analízalo. Analiza cómo comunica, con quién, de qué forma, y si todo eso está alineado con tus objetivos y los valores de tu marca. No te cuesta nada, es tu trabajo y el coste de una crisis de marca puede ser muy, muy caro.

Para ilustrar un poco el tema, hemos hecho este vídeo, espero que lo disfrutéis tanto como nosotros haciéndolo :).

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